Tenía pensado escribir un post contando lo interesante que fue la primera clase del curso “Construyendo una economía justa y solidaria” de la UPV en el que participo como alumna desde principios de Noviembre.

Quería resaltar aspectos del contenido que me gustaron especialmente como el genial repaso que hicimos sobre la evolución del concepto de desarrollo con Luis Guridi de Hegoa: Desarrollo como simple crecimiento, como superación de la pobreza, la sostenibilidad como factor clave en el desarrollo, como capacidad, desde la perspectiva de género y los actuales enfoques post desarrollistas.

Iba a reflexionar sobre datos que apuntan que la economía no monetizada en la cual están incluidas todas las tareas domésticas y vinculadas al cuidado diario de las personas, y que normalmente está a cargo de las mujeres, podría representar en España entre el 50% y el 60% del PIB, sin embargo preferimos invisibilizarlos.

También iba a explicaros como José Ramón Mariño, economista alternativo miembro de ATTAC Bizkaia, la asociación para la justicia económica y global, me puso los pelos de punta con su revisión sobre el famoso TTIP.

Pero después de lo acontecido en los últimos días tengo menos ganas de hablar de lo técnico y más ganas de hablar de lo humano. De deciros que a pesar del horror, el cercano y el lejano, a pesar de saber que no hay forma de evitar ciertas tragedias, de que probablemente tendré que seguir siendo testigo de cosas espantosas, de que puede que me toque el bombazo o el tiro en París, o en Barcelona, o en Irun…, de que nada de lo que haga o diga servirá para mucho y probablemente tiempo después de que yo ya ni exista muchos de los problemas actuales de nuestra sociedad seguirán o si te descuidas habrá peores, a pesar de todo eso, no puedo evitar sentir que merece la pena continuar haciendo algo por cambiar, por mejorar. No me sale resignarme. No puedo.

Yo prefiero utilizar mi energía en seguir conociendo proyectos alucinantes como “Proactiva Open Arms” donde gente increíble está haciendo cosas maravillosas por otros seres humanos que han tenido la mala suerte de nacer allí donde ya nada importa.  Elijo acercarme a proyectos que nos ofrecen nuevos enfoques para hacer las cosas pensando en las personas, no en el dinero,  como es la “Economía del Bien Común”, y específicamente su grupo impulsor en Euskadi.  Prefiero aprender sobre temas alucinantes como la iniciativa  “Cruelty free international” dedicada a erradicar la experimentación con animales que sufren torturas inimaginables cada día de forma injustificada. Y mi esperanza es conseguir aportar algo, por pequeñito que sea, través de mi proyecto sobre innovación social cuya filosofía se basa en eso, en poner a las personas en el centro.

No soy nada espiritual, más bien soy práctica y extremadamente racional. Por eso me cuesta tanto entender qué es, pero hay algo que me mueve. Algo que no sé explicar,  que no puedo tocar, que no sé como llamar. Pero es algo que siento, que me empuja a continuar a pesar de todo y que de momento elijo seguir.