Soy gorda. Lo he sido desde que nací y es muy probable que lo sea hasta que me muera. Pero lo cierto es que llevo intentando perder peso desde que tengo uso de razón. Adelgazar porque todo cambiaría. Las cosas serían más fáciles, sería más normal, se me aceptaría mejor, ya no formaría parte de ese grupo de personas “dejadas e incapacez de hacerse cargo de su problema” y otras chorradas de ese estílo. En resumen,  que sería más feliz. O eso es lo que se nos hace creer.

Ya de niña recuerdo cierta inquietud que me provocaba ser gorda en una sociedad en la que la Barbie era el estándar de belleza. Yo misma tuve un montón de estas muñecas y me encantaba jugar con ellas, supongo que interiorizando poco a poco de forma involuntaria que era la referencia del físico ideal.

Ni que hablar del sufrimiento en la adolescencia de una gorda como yo, para más inri normalmente rodeada de delgadas y guapas (muchas grandes amigas, una cosa no quita a la otra). Y así, los 20, los 30…en fin que os voy a contar que no sepáis u os imaginéis.

Me gusto y mucho

Pues he tenido que llegar a los 40 para darme cuenta de que me encanto. Si, así como lo leéis. Me gusto y mucho. Creo que estoy muy bien. Además estoy muy satisfecha conmigo misma, con lo conseguido y con lo que me propongo lograr. Me siento una persona poderosa, atractiva y con mucho bueno que ofrecer. Quienes me importan me quieren y tienen ganas de compartir parte de su vida conmigo.

Tengo mis cositas por resolver, como todo “quisqui”, pero en general duermo a pierna suelta por las noches porque mi conciencia y mi corazón van de maravilla. Y eso,  Señoras y Señores,  esa sensación que tiene una cuando se va a la cama y está sola consigo misma y sus pensamientos, esa es la que, al menos para mí, importa de verdad. Estoy segura de que sabéis de qué hablo.

Llegada a este punto puedo mirar atrás y ver que, objetivamente, jamás he tenido inconvenientes para relacionarme con nadie minimamente inteligente por ser gorda. Tampoco para gustar a quien me ha interesado. Nunca he tenido problemas de salud por estar gorda (aun hoy mis exámenes médicos son impecables). Entonces …

¿Dónde está el problema?

El problema está en que estoy más que harta de ser vilmente manipulada. De abrir cualquier revista (ni te cuento si es una revista “para mujeres”) o ver un rato la TV y sus anuncios para darme cuenta del bombardeo mediático permanente con el mensaje sobre la perfección inalcanzable de unos estándares de belleza irreales y muy dañinos. De la frustración generada a causa de este proceso lleno de mentiras y del mercadeo con los sentimientos de las personas sobre algo que tanto nos importa a toda/os: Gustar y encajar.

El problema está en que si quiero encontrar algo de mi talla que no parezca una carpa de circo o no valga a precio de oro, tengo que ir a tiendas “especializadas” o ser super feliz porque algunas marcas de moda por fin se han dado cuenta de que las personas gordas existimos, de que también consumimos y, o han destinado un rincón de unos pocos metros cuadrados en el casi sótano de sus tiendas (literal) para la sección “especial” de tallas grandes, o han creado marcas “hasta la 52” como si fuera un regalo por el que debo estar eternamente agradecida. Ya, pero es que yo tengo la 54. Y hay personas que la 56, 58… Y somos muchas/os, somos normales  y formamos parte de esta sociedad.

El problema está en que se asuma que como eres gorda automáticamente eres floja, gandula, golosa, dejada, sedentaria y otra serie de prejuicios absurdos e injustísimos que rara vez corresponden con la realidad.

El problema está en tener que oír tonterías del tipo “claro, al ser una mujerona”, “ah, pero tú ¿usas bikini?”, “rellenita”, “maciza”, “gordita”, “pero eres muy guapa de cara…que pena”… ¿hace falta seguir?  Si, vale, soy gorda. Lo sé. Lo veo todos los días. Ya está. No pasa nada. Al menos ahora ya sé que no pasa nada.

Y desde luego, el problema es la bulimia y la anorexia que arruina la vida y/o mata a mucha/os jóvenes. O la gordofobia y la discriminación por sobrepeso. Problemas reales de nuestra sociedad que provocan el sufrimiento continuo de miles de personas.

Cuerpo y mente en sintonía

No equivocarse. Esto no es una oda a la obesidad que te produzca malestar o condicione tu vida negativamente. Soy muy consciente de que en ocasiones el sobrepeso puede ser un problema grave o derivar en situaciones perjudiciales para la salud. Pero te aseguro que vivir a dieta permanente u obsesionada con el tema no te va a ayudar. Las razones por las que se puede tener sobrepeso son infinitas, algunas solucionables y otras con peor solución. Pero si vas a opinar infórmate ¿no crees?

Yo por fin he comprendido que lo importante es el equilibrio. Mi cuerpo es único y quiero cuidarlo pero con sensatez. Sin obsesiones ni frustraciones. Quiero ser una persona lo más saludable que pueda y conseguir armonizar esto con mi estado mental. Para ello he decidido reconectar con la naturaleza y preocuparme de lo que consumo, pero desde luego no para gustar a una sociedad enferma de estereotipos brutales.

Soy gorda sí, ¿y?  A mí ya no me importa. Fíjate…hasta soy feliz 🙂